viernes, 30 de agosto de 2013

Marjaliza



 Un pueblo donde se desayuna con el sonido de las golondrinas , algún  relinchar de caballo , el zumbido de las abejas. Un lugar donde solo hay un  comercio, solo una farmacia , solo un bar , solo gente educada que te saluda  aún sin conocerte , que suelen sacar la silla a la fresca por las noches y  mantener tertulias con sus
vecinos.

Un  lugar donde huele a hinojo , se respira aire puro y en su agradable pasear por sus calles te encuentras a cada paso fuentes por las que mana continuamente agua natural y fresca.

Marjaliza es un municipio de la comarca de los montes de Toledo, próximo al Parque Natural de Cabañeros y los Quintos de Mora , a 5 km de Los Yébenes y a 50 km por la N-401 de Toledo o a 45,80 km por la TO-3225 y N-401



Estuvo habitado ya desde la época romana y durante dominación visigoda , esta de gran influencia en toda la zona inclusive se ha abierto un  museo visigodo en la localidad cercana de Arisgotas donde se puede observar la importancia de los visigodos en casi toda la comarca.

En 1246, cuando Fernando III de Castilla vende Los Montes a la ciudad de Toledo, Marjaliza era una alquería. A lo largo de la historia mantuvo numerosos pleitos con la capital con motivo de la explotación de los montes. En 1644 se autorizó a los vecinos del municipio la ampliación de tierras de cultivo y para cortar madera de los montes.

A mediados del siglo XIX tenía 73 casas y el presupuesto municipal ascendía a 6.065 reales. En esta época el ayuntamiento y la iglesia habían sido incendiadas por los carlistas. Hoy dia tiene unos 300 habitantes y por supuesto han recuperado su ayuntamiento.


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Iglesia Parroquial San Juan Bautista




Ermita de Santa Quiteria

Su extenso olivar hace que se produzca en el pueblo un aceite de calidad y ecológico como el de Marjaliza, S.A.

A la derecha Parque Natural de Cabañeros a la izquierda Los Quintos de Mora

Un lugar donde poder alejarse del  estrés y la vida ajetreada de la ciudad que nos  lleva a un ritmo donde perdemos el norte,  donde nos olvidamos de las cosas simples, donde perdemos el tiempo en demasiadas obligaciones y nos olvidamos de  nosotros mismos. Por eso un retiro de vez en cuando para relajarnos, escuchar los sonidos de la naturaleza, el viento, los pajaritos, esa paz que da el  silencio y escuchar especialmente nuestro interior.  Eso nos puede devolver las energías o la serenidad pero sobretodo reorganizar nuestra vida para continuar en el caos de la vida cotidiana.


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¡Nos vemos en la siguiente historia!

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